Y yo corro, algo cansado, eso sí, pero corro. Porque ella es muchas cosas. Porque yo soy muchas cosas. Ella quiere hacerse fuerte superando ese pasado que me mantiene lejos, y yo descubro que, conforme pasa el tiempo, quiero y no quiero ser parte de ese futuro. No participaré en la reconstrucción, me dice. Lo dice y se disculpa, porque sabe todo lo que estoy dispuesto a dar. Se disculpa porque tiene razón en creer que ese ejercicio de “volver a ser ella misma” no tiene que ver con terceros.
Creí que el sábado – pasamos juntos una buena parte del sábado, tomando café, ella se pidió un postre y yo ni siquiera quería tomar café, era sólo un pretexto para verla, o como ella dice “conocernos” – sería un buen día para guardar en los recuerdos que pienso compartir con ella. En la noche llamé y no contestaba. Pensaba que me estaría convirtiendo en un entremetido en su vida personal (no es la palabra que ella usa, creo que es intrusivo) así que desistí de llamarla a eso de las 9:30 p.m. Sólo llamé tres veces, y le dejé el mensaje “quiero que sepas que sigo pensando en tí“.
Recién hoy, lunes, vengo a descubrir que todo el café que tomó le hizo daño. Que estuvo en cama, que a duras penas pudo levantarse el domingo para ir al hipódromo, invitada por un primo. Ella me contó, la primera vez que salimos, que hablamos fuera de la oficina, que quería ser jocketa. Era uno de esos sueños que se truncan, como yo el de ser futbolista, o uno más reciente, ser músico. O el de ser director de cine, pero ese todavía no me produce frustración para ponerlo en la lista de sueños frustrados.
Me cuenta, entre otras cosas, que tengo que respetar su derecho a reconstruirse ella sola. Es su derecho. Yo no tengo derecho a estar ahí. Me he ganado, por decirle lo que siento, el tonto derecho a esperar que ella se reconstruya y después – sólo después de que sus estructuras emocionales, emotivas, se reconstruyan – saber si es que puedo estar en su pecho, en su cabeza, en sus ideas…
Mientras tanto, ¿cuál es el mejor ejercicio que debo hacer? ¿Esperar? ¿Seguir con mi vida? ¿Buscar mujeres que me satisfagan mientras ella decide darme una respuesta? ¿Olvidarme de todo esto y pensar en otra mujer, que no me llene como creo que ella me llena, para no atormentarme? Mientras tanto, sé que ella ya consiguió reconstruir una parte importante de mí
