¿A quién le importa? A mi no. Leyendo este resumen ya se acabó lo que necesitaba saber.
Desde hace unas semanas todo el fútbol que existe en la cabeza de los peruanos son los jotitas. Es el mundial sub-17. Es un equipo peruano que nos levanta el ánimo. Es un gran equipo. Es el equipo de todos. Por eso ahora me pongo a pensar en esos narradores del Canal 9 que “aportan” un pesimismo espantoso cada vez que narran un partido. Que faltando 10 ó 15 minutos, ya están celebrando el empate como triunfo. No se les puede culpar, porque a excepción del Cienciano, que tiene una copa que exhibir, bien ganada de visita y de local; Cristal, que hace unos años llegó a la Final de la Libertadores; y la U, allá por los años 70, no hay nada que nos anime. No había nada que nos anime.
Pero mañana estarán los jotitas peleando un cupo a cuartos de final contra Tayikistán. El que no se levanta temprano es porque está despierto toda la noche. Ese soy yo. Es un sueño verlos jugar con la esperanza de que no terminen siendo un jugador peruano promedio y que acaben sus días en las discotecas de La Victoria. A veces pasa, cuando en un país lleno de deportistas mediocres, alguien destaca, y si no se va, se arruina.
Pero volvamos a la realidad. Hay fútbol descentralizado. El domingo pude ver, así, de pasada, los dos goles, Golazos, de Cienciano al Alianza. Pero además vi cosas que uno nunca debiera ver: el estadio casi vacío. No solo porque los equipos jueguen mal, creo que es la suma global: bajo nivel en promedio de los equipos, de los jugadores, de varias canchas, violencia en las tribunas. Y esa federación que más que vergüenza, da asco. Le permitimos estar, así que somos tan culpables como ellos.
En fin, ni siquiera me voy a poner a profundizar más sobre la triste situación del fútbol local. Si quieres ver la tabla de posiciones, cliquea aquí
Lo que es yo, a guardar mis esperanzas por un equipo que vale la pena. Mañana a las 6 de la mañana ojalá estemos gritando los goles de los jotitas.