Que no vengan los fabulosos comentaristas a decirnos que “no importa lo que pase, Perú está entre los 8 mejores del mundo”. Hoy día todos celebramos y ni siquiera los derrotistas comentarios de Fleischman y sus amigos nos quitan las ganas de gritar. Y el sábado salimos a reventar a Ghana, que viene de ganarle a Brasil, y si perdemos, perdemos jugando a ganar y lo lloramos.Pero eso sí, la satisfacción que nos da este equipo no nos la quita nadie.
Hasta el sábado todos vamos a andar especulando sobre si Ghana es mejor o no, pero nadie va a quitarnos el privilegio de seguir soñando. Y el sábado hasta los más pesimistas van a estar tocados de nervios porque todos juntos vamos a estar con la camiseta puesta
“Hoy le toca al Perú confrontar un tiempo de vergüenza nacional. Con anterioridad, nuestra historia ha registrado más de un trance difícil, penoso, de postración o deterioro social. Pero, con seguridad, ninguno de ellos merece estar marcado tan rotundamente con el sello de la vergüenza y la deshonra como el que estamos obligados a relatar. Las dos décadas finales del siglo XX son -es forzoso decirlo sin rodeos- una marca de horror y de deshonra para el Estado y la sociedad peruanos.
Hace dos años, cuando se constituyó la Comisión de la Verdad y Reconciliación, se nos encomendó una tarea vasta y difícil: investigar y hacer pública la verdad sobre las dos décadas de origen político que se iniciaron en el Perú en 1980. Al cabo de nuestra labor, podemos exponer esa verdad con un dato que, aunque es abrumador, resulta al mismo tiempo insuficiente para entender la magnitud de la tragedia vivida en nuestro país: la Comisión ha encontrado que la cifra más probable de víctimas fatales en esos veinte años supera los 69 mil peruanos y peruanas muertos o desaparecidos a manos de las organizaciones subversivas o por obra de agentes del Estado.
En efecto, los peruanos solíamos decir, en nuestra peores previsiones, que la violencia había dejado 35 mil vidas perdidas. ¿Qué cabe decir de nuestra comunidad política, ahora que sabemos que faltaban 35 mil más de nuestros hermanos sin que nadie los echara de menos?“