Si he de contarles algo, es que compré un CD de original. No uno, dos en verdad. Los dos de “Cosa Nuestra”. Y tanto respeto y consideración a ellos, a su trabajo, que se los regalé a mi suegro y ni siquiera saqué una copia. Lo escucharé siempre que vaya a visitarlo. Primera vez que compro un original y más que estar orgulloso de comprarlo, estoy orgulloso de lo que compré.
Es que escuchar lo que hacen mezcla dos sensaciones que rara vez andan juntas: las ganas de bailar y las ganas de sentarse a escuchar. Y las dos con tanta fuerza, que al final uno termina sentado moviendo los pies y cantando. No sé si por bailar salsa o por cantar criollo. O bailar criollo y cantar salsa. La mezcla es perfecta. Es exacta.
En mi cabeza siempre estará Ángel Lobatón, y los valses llevados al son (¡¡¡eso es verso!!!), y la fiesta hecha con un sólo disco, con su disco. Pero ahora llega “Cosa Nuestra” y embiste todo lo que me acompañaba y me llena la cabeza con su música criolla (¡¡¡NO seguirá muriendo!!!) con esas letras calientes (por no decir calientes), casi todas, de las salsas que todos hemos bailado.
Sin más, por no ser empalagoso (no espero que me regalen la entrada, XD), les dejo un par de videos para el disfrute personal de cada uno de ustedes en su soledad internetera.
Y prepárense, que me han pasado el dato de que están buscando canchón para agarrarse mano a mano con una orquesta de salsa. ¡¡¡Si no voy que me parta un rayo!!!
Por primera vez en mucho tiempo veo que el blindaje que acostumbra rondar el Congreso, donde todo es como debe ser (según ellos), donde la corrupción es una flor diaria que les permite ignorar totalmente todo lo que sucede en el país, no les alcanza para evitar lamentar una muerte.
Ahora que recién se relacionan con el país, pueden preguntarse ¿hubiéramos podido hacer algo? Es difícil creer que vayan a hacer algo al respecto. Ha muerto una congresista (no sé nada de ella, no sé si entra en el saco de los corruptos, de los mediocres, o si intentó cambiar el mundo, así que me perdonen los que leen esto) y todo lo que va a suceder en el Congreso es: un minuto de silencio, una pequeña romería, saludos de todas las tiendas, breves palabras de dolor de los congresistas, amigos y rivales, recuerdos frente a cámaras. Y ahí acabará todo. El Congreso seguirá en su dura lucha por levantarse en hombros el país. Su muerte sólo será estadística. (ojalá me equivoque)
Esta muerte es un motivo más de los miles amontonados para sentir vergüenza por un Congreso que no intentará poner un remedio al transporte. La censura a la Ministra de Transportes servirá para la foto. La Ministra dijo: “estamos solucionando eso”. Ahí está la solución: se salvó de la censura y el país sigue a la deriva.
Los choferes no tomarán conciencia. Los dueños de agencias de transporte interPOBREvincial no se inmutarán. Los camioneros seguirán siendo los dueños de su vida y la de otros.
Mi más sentido pésame por esta muerte, y mi eterno repudio a este Congreso que da pena, asco, vergüenza y cualquier otro término que quieran utilizar.