Nos quieren sorprender, no nos sorprenden

Ya no deprime. Ni siquiera molesta. En el fondo creo que todos estábamos esperando este momento. Todos saben – o sospechan – que el gobierno está lleno de delincuentes. Era cuestión de tiempo. Si me pusiera “comparacional” hablaría de chanchos y chiqueros, de rameras y sus familiaridades, de mil cosas que se me van ocurriendo mientras escribo.

Hace algunos años fue el video Montesinos – Kouri la señal de que la podredumbre había rebasado sus propios límites. Ahora, escuchar cómo se reparten el Perú, más allá de la indignación generalizada, no impresiona. No sorprende. Alan – yo no voté por él – vende al país en lotes olvidando que en esas tierras viven personas que tienen derecho a opinar y decidir sobre su futuro. Los congresistas deciden no rendir cuentas, como cualquier pirata zarrapastroso (7 mil soles por cabeza, 120 congresistas, mensualmente son mas de 270 mil dólares, más de lo que cobró Rómulo Leon). Un Ministro de Salud insensible que convierte en fracaso total las políticas de su sector. Un Ministro del Interior fracasado, delincuente que merece ir a prisión por delincuente y por estúpido y por mediocre. Cualquiera puede añadir personajes públicos a esta lista (sin lisuras, para no censurar).

Pero, la verdad, ya no asombra. Supongo que muchas de las personas que marchan estos días votaron por Alan García. Fueron tan tontos como para creer que Alan cambiaría. Un ratero genocida – que además es cínico y ególatra – difícilmente se va a rodear de gente honesta. Difícilmente los honestos, la gente de bien, va a querer acercarse a este tipo. Los que lo votaron y no están marchando exigiendo que lo boten, deben estar escondidos en sus casas, avergonzados, porque la culpa de lo que está pasando es de ellos.

Y de nosotros, porque no supimos hacer campaña en contra de este régimen. Culpables somos todos los que no nos atrevemos a proponer cambios en un sistema que invita a la corrupción, a portarse como hijo de puta, a zurrarse en cualquier gesto solidario, sincero.

¿Qué más podía venir? Todos hemos invitado a la corrupción.



















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