Viajar en bus en Lima, nunca lo disfruté tanto…
Publicado por Tabacómano compulsivo en Enero 20, 2009
¿Alaa-aás?
Frase famosa traducida al castellano como ¿habla, vas? una invitación que más parece un reto, la de subir al transporte público limeño. Gente apretada, asientos demasiado cerca uno de otro. Para mi, que mido metro ochenta, es casi un sexto sentido ver venir al micro y en segundos definir si voy a caber. Boleteros con mal aspecto, cara de resaca, de mal desayuno, de problemas familiares, de no disfrutar de nada. Choferes con el volumen a nivel “fiesta” (“diviértanse, señores, que pa’eso la pongo… diviértanse, carajo, porque sino se joden”).
Encontrar un asiento cómodo (léase que no me obligue a poner las piernas en el pasillo) de preferencia pegado a la ventana, individual, así no me aprieto más de lo que ya estoy. Vidrios sucios, con un elegante tono ahumado consecuencia del polvo Y viajar. O esperar que llegue, porque el viaje no lo disfruta ni un gato. Todos miran hacia afuera, todos queriendo no ser parte de esto.
!Qué porquería es el tráfico limeño! !Qué porquería viajar en micro!
Hasta ayer. Subí al DAEWOO (“Negociaciones”, le decimos los noventeros (época en la que nació esa empresa, creo) único carro en el que viajo parado y todavía puedo sentirme cómodo. Carros grandotes, blancos, que viejnen desde Puente Piedra y se van hasta más allá de La Molina. Ruta grandota, como la de todas las empresas de transporte en Lima. Como para que cada chofer sólo de 3 vueltas. ¡3 vueltas en 10, 12 horas de trabajo, pobre poto, con razon andan de mal humor, encima soportando a los otros microbuseros!
Subí al DAEWOO, y había un ambiente raro. La gente estaba cómoda, muy cómoda, y no miraba por la ventana. Ni siquiera tienen boletero, así que a pagar subiendo, nomás. Y detrás del chofer, para disfrute de todos, un televisor. No muy grande, tampoco muy pequeño, que tienen que ver los que se sientan en ese bus tan grande. Y Santana en concierto “oye cómo va, mi ritmo, bueno pa’ gozal, mulata”. ¡¡¡Qué ventana ni qué carajos!!! Lo siento por radio capital, era una obligación casi moral quitarme los audifonos. Y en calidad DVD, nada que VCD con 74 canciones reguetoneras patéticas. Dios mío, qué placer…
Acaba Santana y empiezan esas cámaras escondidas (me parece que son inglesas, o europeas, o algo así) que ponen en los aviones. Cámaras escondidas sin malicia, pequeñas bromas bien planeadas, sin mucha alaharaca. Un tipo que juega basket frente a la gente que circula, a ver como reaccionan, o cosas así. Y la gente dentro del DAEWOO que cambia de expresión, que mira, se ríe, se relaja, disfruta. Disfruta su ruta. Y yo también. Mi paradero ya está cerca. Bajar por la puerta de atrás, con qué placer me fui a mi casa. Si todos los buses fueran así y no como la basura que habitualmente circula, me sentaría con ellos a ver hasta donde podemos subir los pasajes (que yo pagaría gustoso).
P.D.: Eso de poner un televisor es una forma de hacer publicidad, no recuerdo como se llamaba la empresa, pero les doy las gracias por no saturar la pantalla con su propaganda y dejar que la gente disfrute su ruta. En cuanto sepa quienes son, los linkeo.
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SoniaLuz escribió
Me gustó tu relato. El tema del transporte – de lo que se sufre al interior de los vehículo- pasa con frecuencia desapercibido y pienso que es un “termómetro” que mide la autoestima de la gente .
Detesto el ruido que imponen los choferes, permiten las autoridades y sufre la población aunque muy pocos sepan hasta qué punto puede ser dañino.
Y entonces viene mi pregunta. ¿Por qué tenemos/debemos soportar que mientras viajamos, una radio o un televisor con MENSAJES QUE NO PODEMOS ELEGIR invadan nuestra atención y nos priven del PRIVILEGIO DE PENSAR O DE LEER?