Segundo día sin fumar, segundas impresiones…
Publicado por Tabacómano compulsivo en Mayo 27, 2009
Pasé por el Vivanda de 2 de mayo (San Isidro, a dos cuadras del cruce con las Flores, qué rico cocinan ahí para ser un supermercado, no como la caca llena de grasa que sirven en Wong; ojo, sólo es la humilde opinión de alguien que come a diario) y a diferencia de los últimos años de mi vida, fui directo a la cajera a pedir… a pedir… ¡¡¡diablos, se me cruzaron los chicotes!!! Me quede plantado en la caja, mirando en silencio, mientras en mi cabeza pasaba la frase “una cajetilla de Marlboro Light, por favor”. O dos, como a veces sucedía.
(Esta frase me acompañó casi a diario durante no sé cuantos años de mi vida. Durante demasiados años me acompañé de esa frase, y del inevitable placer que le continuaba, cuando por fin tenía un cigarro en la mano, y ni siquiera esperaba la salida del centro comercial para sacar un cigarro, sino que cuando llegaba a la puerta, ya lo tenía en la boca, y caminaba con el encendedor listo para completar la escena.)
Esa frase me congeló en la caja de “Vivanda”. La idea de decirla, de presentarme a la cajera como el orgulloso fumador – que además paga Marlboro – intentó seducirme por un breve tiempo. Suficiente tiempo como para que la cajera me mire extrañada y yo no pueda articular palabra, porque esperaba que la frase estrella de mi adicción terminara de interrumpirme, me permitiera articular otra palabra y pedir lo que de verdad necesitaba.
Llegué a mi casa y jugué un rato PS2, como quien agarra sueño. Me di cuenta que al lado del televisor había dejado, hace ya varios días, una cajetilla de Marlboro. Saqué mis cuentas, y era una cajetilla vacía. Pero me quedé viéndola con demasiado respeto. Sospechaba que si la cogía, vendría la angustia por tener un cigarro en la mano. La miré un buen rato, extrañado. Al final, respiré hondo y la cogí para botarla a la basura. Nada pasó. Nada que – por lo menos – pueda borrar de mi cabeza con el medio litro de gaseosa que tomé, o los 4 panes, o algo similar que haga que las ganas desparezcan aunque sea por un momento.
Ahora, siendo casi las 3 de la mañana, me he comido mas de 10 caramelos, dos sublimes, un princesa grande y un litro y medio de Cifrut (qué adictivo que es el Cifrut ¿con quien hablo para que me auspicien?, no pido mucho, 30 cifruts de litro y medio al mes y les dejo poner mi banner aquí). Todo para sobrellevar tranquilo el no fumar. A esta hora quisiera un cigarro, pero no me va a ganar.
Lo primero que tengo en claro es que tengo que romper varios hábitos: tengo que dejar el café, tengo que dormir más, tengo que distraerme,etc. Pero ahora me ha nsurgido un par de vicios demasiado deliciosos como para que me los prohíban: comer chocolates y postres en general, demasiados, pero que rico es distraerse así; y dormir. Duermo demasiado, pero gracias a la gente con la que trabajo, no me va mal: el dejar de tomar café como todas las noches, las 6 o 7 tazas por noche de café, me produce sueño, pero el equipo me permite cabeceaditas de 1 hora o 2 para poder retomar el trabajo.
Todo va bien para ser el segundo día.
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