“En un país como el nuestro, combatir el olvido es una forma poderosa de hacer justicia.”
Salomón Lerner, entrega del Informe Final de la CVR
Esta es una de las frases que más he sentido en todo este tiempo. Empieza por demostrarme qué tan humano, que tan ciudadano, que tan hermano soy. Es difícil reconocer que uno es, exactamente, lo que no quiere ser: uno más de los que, a la distancia y en la seguridad de la capital, observamos extrañados un proceso violento y doloroso que involucraba a otras gentes a las que nunca reconocería, habiendo perdido la plena y absoluta conciencia de que ellos, las víctimas de todos estos años de violencia, eran gente como yo.
Han pasado varios años desde que la Comisión de la Verdad y la Reconciliación entregó su Informe Final al Gobierno de Alejandro Toledo. El tiempo ha pasado y muy poca prensa y muchas instituciones han seguido manteniendo a flote el tema de los Derechos Humanos.
Hoy he decidido sumarme a ellos porque es justo, porque es obligatorio para poder sentirme ciudadano, apoyar en esta lucha que debe acabar en algún momento, en el momento en el que todos podamos ser reconocidos como tales.
Este es un fragmento del discurso que dio Salomón Lerner al momento de entregar el Informe Final al entonces presidente Alejandro Toledo:
Nadie se debe escudar en los defectos de nuestra sociedad ni en los rigores de nuestra historia para evadir sus responsabilidades. Es cierto —y esa es una lección mayor de este informe— que existe una culpa general, la culpa de la omisión, que involucra a todos los que dejamos hacer sin preguntar en los años de la violencia. Somos los primeros en señalarlo así. Pero al mismo tiempo advertimos que existen responsabilidades concretas que afrontar y que el Perú —como toda sociedad que haya vivido una experiencia como ésta— no puede permitir la impunidad. La impunidad es incompatible con la dignidad de toda nación democrática.
(…)
Es penoso, pero cierto: quienes pidieron el voto de los ciudadanos del Perú para tener el honor de dirigir nuestro Estado y nuestra democracia; quienes juraron hacer cumplir la Constitución que los peruanos se habían dado a sí mismos en ejercicio de su libertad, optaron con demasiada facilidad por ceder a las fuerzas armadas esas facultades que la Nación les había dado. Quedaron, de este modo, bajo tutela las instituciones de la recién ganada democracia; se alimentó la impresión de que los principios constitucionales eran ideales nobles pero inadecuados para gobernar a un pueblo al que —en el fondo— se menospreciaba al punto de ignorar su clamor, reiterando la vieja práctica de relegar sus memoriales al lugar al que se ha relegado, a lo largo de nuestra historia, la voz de los humildes: el olvido.
(…)
En este informe se habla de vergüenza y de deshonra; sin embargo, hablan también por sí solos, en sus páginas, actos de coraje, gestos de desprendimiento, signos de dignidad intacta que nos demuestran que el ser humano es esencialmente magnánimo. Ahí se encuentran quienes no renunciaron a la autoridad y la responsabilidad que sus vecinos les confiaron; ahí se encuentran quienes desafiaron el abandono para defender a sus familias convirtiendo en arma sus herramientas de trabajo; ahí se encuentran quienes pusieron su suerte al lado de los que sufrían prisión injusta; ahí se encuentran los que asumieron su deber de defender al país sin traicionar la ley; ahí se encuentran quienes enfrentaron el desarraigo para defender la vida. Ahí se encuentran: en el centro de nuestro recuerdo.
Presentamos este informe en homenaje de todos ellos y de todas ellas. Lo presentamos, además, como un mandato de los ausentes y de los olvidados a toda la Nación. La historia que aquí se cuenta habla de nosotros, de lo que fuimos y de lo que debemos dejar de ser. Esta historia habla de nuestras tareas. Esta historia comienza hoy.
El informe es bastante extenso, así que conforme pueda avanzar la lectura iré colocando más post sobre el tema. Pueden descargar el informe desde aquí

