Salón de Fumadores

Fumar mata, pero…

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Mis primeras sensaciones

Publicado por Tabacómano compulsivo en Mayo 26, 2009

Desde ayer 25 de mayo, dejé de fumar. Había pensado dejarlo por la noche, cuando me despertara para ir a trabajar, pero el domingo compré la última cajetilla camino a la oficina y, sacando cuentas, debía ser sólo una cajetilla de 10. Porque tenía más de media cajetilla grande en el bolsillo, así que eso me duraría hasta la tarde de ayer.

En la mañana de ayer, Henry me robó un cigarro, Lucho también, supongo que alguien más. Pero cuando abrí los ojos, a la 1 de la tarde, estaba Toño pidiéndome un cigarro. ¡Qué increíble cantidad de personas esperando a que yo tenga cigarro! y es sólo en la oficina. Cuando abrí la cajetilla, sólo había 3 cigarros, así que decidí no fumar comprar más cigarros, no fumar todo el tiempo que sea posible. bajamos al patio Toño, Lucho y yo, me serví un cafecito y prendimos mis últimos 3 cigarros. Lucho aprovechó para tomarme esta foto:

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El último encendedor que tuve. El último encendedor que cargaba. Me fumé el último cigarro, sabiendo que se venían momentos complicados, y me fui a casita. Ni bien llegué, desaparecí los 2 encendedores que me había regalado Javier hace un par de años. Desaparecí todos los encendedores de la casa, los ceniceros. Cualquier cosa que oliera a tabaco. Ahora me compraré mi kilo de caramelos, y llegando a casa compraré un aromatizador de esos que se impregnan en las paredes y le quitan chance al olor a tabaco.

José me dice, ahora que me ve con cara de sobreviviente de Chernobil, que una tía suya dejó de fumar y la primera semana fue una semana muy fuerte, pero que después se sintió como superhéroe dopado, con mucha fuerza, muchas ganas de hacer lo que nunca hacía, etc, etc, etc. Yo tengo un día sin cigarro y me quiero comer las manos, tengo unas ganas de salir corriendo a fumarme el primer pucho que encuentre en la vereda, unas ganas de mandar todo el esfuerzo al carajo y seguir fumando… pero tengo que aguantar. Porque tengo una familia. Cualquier otro sermón me importa un carajo. Incluso si me lo dice otra persona, me importa un carajo. Son mis motivos, es mi decisión, así de simple. Aguantaré hasta donde pueda.

Hoy no me siento como superhéroe. Me siento como alguien al que le falta una extensión. Sentarme a ver televisión sin un cigarro, jugar PS2 sin un cigarro, comer y después no fumar. Me falta algo, y esa sensación es horrible, sobre todo porque la solución es tan fácil: salir, comprar cigarros, decirle a todo el mundo ue fracasé y que tomen mi ejemplo. Y se acaba la angustia, la desesperación, las necesidades insatisfechas. nadie podría decirme que no lo intenté, pero la tía de José ya me dio una referencia: una semana para sentir menos angustia y empezar a ser un superhéroe. Ojalá una semana baste.

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Qué día dejo de fumar

Publicado por Tabacómano compulsivo en Mayo 21, 2009

Hace meses, conversando con Anita, llegué a la conclusión de que debía dejar de fumar. Fumaba en el cuarto, en la sala, en la cocina, en el balcón, en fiestas o no, luego del almuerzo (antes también). Mientras hacia pausas, cuando estaba en pleno trabajo.

(No sé por qué hablo en pasado. Mientras escribo esto, todavía soy un fumador: acabo de apagar un cigarro y en un rato más iré a tomar un café y acompañarlo con un cigarro)

Decidí dejar de fumar el 25 de mayo porque de ahí en adelante no tengo ninguna reunión donde pueda haber licor. Creo que es el peligro más fuerte: “tomar algo” con los amigos invita al cigarrito respectivo, “un vicio llama a otro vicio” dicen. El 25 de mayo dejo de fumar (o por lo menos lo intentaré) porque el 24 es el cumpleaños de mi viejita y por ahí las ganas se hacen más fuertes con algo de licor adentro. Después del 25 de mayo no hay un cumpleaños o reunión o cualquier cosa parecida hasta julio, tiempo en que espero haber aprendido a controlar mi vicio y poder tomarme unas copas sin desesperarme tanto por un cigarro.

Pero las dudas nacen conforme nacen las primeras afirmaciones: trabajo de madrugada, eso quiere decir que el 25 de mayo lo voy a recibir en mi oficina. No lo recibiré como todos, acurrucado en mi cama después de una buena comida. Estaré despierto, trabajando como cualquier día (noche) hasta que me venza el sueño. Pero no podré empezar a dejar de fumar el 25 a las 00 horas, porque vendré con la viada de estar despierto desde el 24 a eso de las 7:00PM, y habré fumado mucho hasta las 12. Entonces tendré que empezar apenas me despierte. Es decir, el 25 apenas abra mis ojitos azules (por las ojeras, no natural) habré iniciado oficialmente mi pelea contra el tabaquismo. Y eso será como a las 7:00PM del 25. Cuando me despierte el 25 para ir a trabajar.

¡¡¡Diablos!!! Acabo de recordar a García márques en “Cuando era Feliz e Indocumentado” y empeza con una frase deliciosa, que invitaba a disfrutar del relato: “contrario a lo que la gente piensa, el año de (…) no empezó el primero de enero. Ni el dos, Empezó el 6… (algo por ahí es el inicio, pero ya la edad no me da.

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Como y cuando empecé a fumar…

Publicado por Tabacómano compulsivo en Mayo 20, 2009

Con todo esto de dejar de fumar, empecé a recorrer todos los momentos que he vivido, que han sido importantes cuando menos para mí, y que han estado acompañados por el cigarro: todos los momentos de los que tengo recuerdo, tiene humo alrededor. El humo gris, opaco, molesto para otros, del cigarro.

Mis momentos como fumador son infinitos, pero siempre tengo presentes algunos muy claros: cuando tenía 7 años compré dos cigarros, a escondidas, a la vuelta de mi casa. Cuando me vio la empleada (en esa época en la que se podía pagar una, antes del primer gobierno de Alan García) me dio una tanda – como dicen las viejas – luego le contó a mi mamá, que me dio otra, luego mi papá; una tía que vivía muy cerca, y mi tío. En ese momento pensé que tenía una familia demasiado numerosa, pero no pude volver a fumar en muchos años, y tampoco sentarme durante dos días. El pretexto en ese infantil momento era que “quería saber que es lo que siente mi mamá cuando fuma…”

Otro momento extraño fue cuando mi hermano me mando a comprar cigarros: Martín, un amigo “de su edad” en ese entonces, llegó a casa y mi hermano aprovechó para mandarme a comprar dos cigarros. “Premier” fumaba. Fui corriendo a la tienda, con la promesa de que iba a compartirlos conmigo. Era verano, y lo recuerdo porque cuando regresaba a casa con los dos cigarros (no había esa prohibición de venderle cigarro a los menores) dos niñas me quisieron mojar, y solo consiguieron mojar los cigarros. Cuando llegué, mi hermano los puso a secar, y yo, frustrado porque no había podido llevar a cabo mi “misión ultrasecreta”, no pude pedir una pitada. Cuando mi hermano se acabó los dos cigarros, me dijo: “me hubieras pedido”. Más tonto no pude sentirme. Más tonto me siento recordando ese momento. Tenía menos de 16 años.

Otro momento importante fue el matrimonio de los padres de mi viejo amigo Santiago. Se casaron por religioso a inicios de los 90 (o algo por ahí). En plena fiesta, se acerca don Hugo, el padre de Santiago, y me da dos cajetillas de Marlboro rojo: “reparte a todos” me dice. Yo reparto a los que vieron la entrega y me guardo una cajetilla. “Marlboro rojo, qué lujo”, pensaba. la noche fue perfecta para alguien que fumaba como yo y no tenía plata. Salí al amanecer con casi diez cajetillas de Marlboro. Algunas para mi mamá, otras para mi hermano, y yo una resuelta sin tener que comprar cigarros.

Recordando que fueron míos varios marlboro rojo (todos gratis), recuerdo que caminaba hasta Monterrey (lo que ahora es el Metro de sucre, en Pueblo Libre) y en los ambulantes de la puerta compraba mi cajetilla de Gold Coast, identica en forma y tamaño a la cajetilla marlboro. Esperaba a estar en algún discreto lugar, y cambiaba todos los asquerosos Gold Coast a la cajetilla vacía de Marlboro. Para que todos creyeran que fumaba Marlboro. Esto funcionaba cuando iba a fiestas con luces. Todo el mundo miraba la cajetilla “Marlboro” pero nadie tenái ojo para leer la marca del cigarrillo. Gold Coast. Éxito total. Aparentaba mucho, sobre todo frente a las amigas.

Mi vida está llena de momentos así, que después iré recordando. Ahora me queda en la cabeza que el momento en que empecé a fumar es una suma larga de rutinas diarias, amigos que fumaban, y largas caminatas saliendo del colegio, cuando con “gato”, Heredia, Santiago, Bruno, salíamos a soportar el frío de ese invierno de quinto de secundaria, y no había nada más que hacer que caminar, y gastarnos un sencillo (en mi caso el pasaje de regreso a casa, que por suerte eran sólo 15 cuadras) en comprar cigarros “para el frío”. Frío que hoy no alcanza a pretexto, frío que debí combatir con más ropa, con algo de ejercicios, con una emoliente. Nunca con cigarros.

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Dejar de fumar…

Publicado por Tabacómano compulsivo en Mayo 15, 2009

Ya es la segunda vez que corrijo este post (que espero se convierta en una página muy larga sobre como salgo victorioso), pero es que es difícil explicar que es lo que pasa por mi cabeza: soy consciente de que el vicio me ha acompañado por más de veinte años. Veinte años con un cigarro en la mano: al levantarme, al acostarme, comer, en fiestas, acompañando al café, al licor, siempre.

Veinte años en los que creí que fumar me daba clase, me daba status, me daba ese “algo” que todos quieren tener para diferenciarse de los demás. Veinte años después – sin ser muy genio tampoco – veo que lo que me dio es menos presencia física, dientes amarillos, un olor incómodo (no el olor del humo del cigarro cuando está prendido, sino ese olor que me acompaña siempre, muy desagradable, que recién conocí cuando mi cuñada lo mencionó luego de que mi hermano dejó de fumar y se dio cuenta del cambio), dedos amarillos y la piel reseca.

Por suerte, en los últimos años la presión para dejar de fumar ha sido mucho más fuerte de lo habitual: en la oficina, Lucho, siempre ácido (nada recomendable escucharlo cuando se pone así de agresivo) pero muy sincero y un gran aliado en los momentos importantes. En mi casa, la presión de una madre que consiguió dejar el vicio hace algunos años, luego de más de treinta como fumadora.

Ahora es mi turno: dentro de una semana intentaré dejar los cigarros en el tacho de basura, intentaré deshacerme de todos los encendedores, los 3 o 4 que hay en casa más los dos que siempre llevo en mi bolsillo. Intentaré quitarme el olor a tabaco quemado que me ha acompañado durante más de veinte años. Intentaré dejar de fumar.

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Ahora hay motivos fuertes para intentarlo. Hay gente que está cómoda fumando, hay gente que hace intentos como el mío, hay gente que recién empieza, que todavía puede controlarlo. Yo no sé si podré, lo que sé es que voy a intentarlo. Faltan pocos días y conforme se aproxime “el día D” iré mentalizándome para entrar de lleno en el asunto y optar por una vida más cómoda y sin la pestilencia y el perjuicio de fumar.

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