Desde ayer 25 de mayo, dejé de fumar. Había pensado dejarlo por la noche, cuando me despertara para ir a trabajar, pero el domingo compré la última cajetilla camino a la oficina y, sacando cuentas, debía ser sólo una cajetilla de 10. Porque tenía más de media cajetilla grande en el bolsillo, así que eso me duraría hasta la tarde de ayer.
En la mañana de ayer, Henry me robó un cigarro, Lucho también, supongo que alguien más. Pero cuando abrí los ojos, a la 1 de la tarde, estaba Toño pidiéndome un cigarro. ¡Qué increíble cantidad de personas esperando a que yo tenga cigarro! y es sólo en la oficina. Cuando abrí la cajetilla, sólo había 3 cigarros, así que decidí no fumar comprar más cigarros, no fumar todo el tiempo que sea posible. bajamos al patio Toño, Lucho y yo, me serví un cafecito y prendimos mis últimos 3 cigarros. Lucho aprovechó para tomarme esta foto:
El último encendedor que tuve. El último encendedor que cargaba. Me fumé el último cigarro, sabiendo que se venían momentos complicados, y me fui a casita. Ni bien llegué, desaparecí los 2 encendedores que me había regalado Javier hace un par de años. Desaparecí todos los encendedores de la casa, los ceniceros. Cualquier cosa que oliera a tabaco. Ahora me compraré mi kilo de caramelos, y llegando a casa compraré un aromatizador de esos que se impregnan en las paredes y le quitan chance al olor a tabaco.
José me dice, ahora que me ve con cara de sobreviviente de Chernobil, que una tía suya dejó de fumar y la primera semana fue una semana muy fuerte, pero que después se sintió como superhéroe dopado, con mucha fuerza, muchas ganas de hacer lo que nunca hacía, etc, etc, etc. Yo tengo un día sin cigarro y me quiero comer las manos, tengo unas ganas de salir corriendo a fumarme el primer pucho que encuentre en la vereda, unas ganas de mandar todo el esfuerzo al carajo y seguir fumando… pero tengo que aguantar. Porque tengo una familia. Cualquier otro sermón me importa un carajo. Incluso si me lo dice otra persona, me importa un carajo. Son mis motivos, es mi decisión, así de simple. Aguantaré hasta donde pueda.
Hoy no me siento como superhéroe. Me siento como alguien al que le falta una extensión. Sentarme a ver televisión sin un cigarro, jugar PS2 sin un cigarro, comer y después no fumar. Me falta algo, y esa sensación es horrible, sobre todo porque la solución es tan fácil: salir, comprar cigarros, decirle a todo el mundo ue fracasé y que tomen mi ejemplo. Y se acaba la angustia, la desesperación, las necesidades insatisfechas. nadie podría decirme que no lo intenté, pero la tía de José ya me dio una referencia: una semana para sentir menos angustia y empezar a ser un superhéroe. Ojalá una semana baste.
tabaco tabaquismo adiccion cigarros cigarrillos drogas dejar de fumar

